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Ejército levanta viviendas luego del helicopterazo en Jamiltepec, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

SANTIAGO JAMILTEPEC, Oaxaca- Eduardo Soriano se hunde en el viejo sillón del corredor de su casa, se lleva las manos al rostro en un intento por contener el llanto y expresa: ¡de qué me sirve tener una casa nueva, dinero, si nada me va a devolver a mi esposa y mi hija!


El joven, de oficio albañil, perdió a su familiares el pasado 16 de febrero en el accidente del helicóptero donde viajaban el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, y el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, cuando acudían a supervisar los daños del temblor ocurrido en la zona. Desde entonces la tristeza y congoja no se separan del muchacho.


Mientras elementos del Ejército levantan una vivienda en la parte posterior del terreno que habita para los familiares de otras víctimas del percance, exclama casi con reproche: ¡no pude despedirme de mi hija, de decirle lo mucho que la quiero!



Eduardo no puede ocultar el dolor que le causa la pérdida de su esposa e hija. FOTO: Mario Jiménez

EL ACCIDENTE


El joven mira a su pequeño hijo que juega en una colchoneta con la mano derecha y la pierna izquierda cubiertas con una venda, para recuperarse de las heridas que sufrió en el accidente, y sostiene que nadie les advirtió del peligro que corrían en el lugar donde supuestamente estarían a salvo de los efectos del temblor.


“Después del temblor nosotros salimos a refugiarnos ahí, -un terreno ancho y largo cubierto de fino polvo a escasos 100 metros de su vivienda-; llegué con mi familia en la camioneta, la estacioné detrás de las suburban y después vine por unas cobijas a mi casa; cuando regresé un militar nos dijo que ahí no iba a pasar nada, que nos quedáramos ahí porque estábamos a salvo”.


Agrega que minutos después les informaron que llegaría el gobernador y de repente llegó un helicóptero. “Comenzó a dar vueltas bajito, bajito, entonces coloqué a mi familia más a la orilla del terreno, pero cuando se iba a asentar el aparato se hizo de lado y comenzó a rodar hacia donde estábamos todos. Alguien debe responder por lo que pasó”.



El pequeño hijo de Eduardo también se recupera de las lesiones del helicopterazo. FOTO: Mario Jiménez

“Yo nada más sentí que me empujó, que me botaba en contra de la urvan; cuando me levanté escuché que algo nada más zumbaba, al despertar ya se había encajado (el aparato) contra las urvan; ya había hecho el desmadre con toda la familia. Yo buscaba a mi familia pero ya había visto a mis suegros, a todos; a mi esposa ya no la encontré, ni a mi niña”.


LA DESGRACIA


Con la voz afectada por la tragedia, dice que su familia buscó refugio por el temblor, “pero miren lo que pasó”.


Los militares continúan con su labor, cuando él observa: “Por más ayuda o dinero que nos den, las personas ya no regresan, ya no están con uno, pues. No se va a olvidar la tragedia que vivimos, nunca se va a olvidar”.



 


El joven que aún no se repone de las lesiones que sufrió en el brazo y hombro izquierdo, manifiesta que ni siquiera es capaz de entender lo que pasó. “Yo buscaba que no le pasara nada a mi familia, por eso nos fuímos ahí. Nosotros llegamos al último, pero a veces la vida nos da golpes muy duros; lo raro es que el helicóptero no estaba fallando, se asentó mal y se fue rodando por la fuerza del viento de las hélices”.


-¿Ya había aterrizado helicópteros ahí?


-Sí, si, una vez entró un helicóptero muy grande de militares, de los verdes, grande. Pero han sentado bien, pero al piloto se le fue la nave y se fue a la orilla.


-¿Los han estado apoyando las autoridades?


-Sí, la presidenta del DIF, Ivette Morán de Murat, y el Ejército nos están apoyando, gracias a Dios. Lo estamos aprovechando los que quedamos, porque los que se fueron pues…


“NO PUDE DECIRLE LO MUCHO QUE LA AMABA”


Eduardo se restrega la cara con las manos para impedir que el llanto anegue sus ojos. “Ya no me pude despedir de mi hija Citlali, porque ahí estábamos. Ya no pude hablar con ella, decirle lo mucho que la amaba. En un instante la perdí, junto con mi esposa Irma”.


“Yo siempre le decía a mi mujer que pobre pero aquí estaba con ella, porque yo aquí he sufrido y nunca había tenido una ayuda de los gobiernos; yo soy albañil y tal vez no les dí a mi mujer y mi niña lo que me hubiera gustado. Trabajaba todo el tiempo, poco a poco construí esta casa para ellos; les decía que, cuando me fuera, eso iba a ser para ellos, pero miren lo que es la vida, se llevó lo que más quería”.


“EL EJÉRCITO ESTÁ CUMPLIENDO”



Elementos del Ejército levantan la casa de una de las familias afectadas. FOTO: Mario Jiménez

Por su parte su cuñada, en medio también de un dolor atroz, reconoce el apoyo que están recibiendo del Ejército, aunque tampoco encuentra alivio a su sufrimiento.


En el quicio de la puerta del pequeño cuarto que le sirve de cocina, la señora informa que en el accidente perdió a gran parte de su familia. Padres, hermanas, sobrinas.


-¿Pero ya los están apoyando?


-Sí, el Ejército está haciendo la casa.


-¿Quedaron huérfanos?


-Sí y los que quedamos nos vamos a hacer cargo de ellos.


Sin explayarse en las respuestas, la mujer intenta exhibir una fortaleza que desmienten sus palabras.


-Por lo menos esa parte se ha cumplido.


-Sí, si, el Ejército está cumpliendo.


-¿Pero cómo se llena la otra parte, la ausencia de sus familiares?


-Pues esa nunca se va a superar, esa es la verdad. Para uno es duro, ya no están ellos y qué más se le hace. Manifiesta con voz entrecortada.


Añade que los niños están internados y su hermana está cuidando de ellos, en tanto ella cuida a su mamá.


-Pero ya es todo, no voy a decir más. Manifiesta al tiempo que retorna a la penumbra del cuarto donde prepara los alimentos.

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