Pasar al contenido principal

Afro descendientes, invisibles para programas oficiales en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

JOSÉ MARÍA MORELOS, Santa María Huazolotitlán, Oax.- La profunda pobreza por la que atraviesan desde tiempos de la Colonia, más la invisibilidad social, histórica y estadística, han ocasionado que las comunidades negras de la Costa de Oaxaca hayan decidido migrar a los Estados Unidos como una forma de encontrar alguna solución a su marginación y empobrecimiento.


Enfrentan casi los mismos rezagos sociales que los pueblos indígenas del estado, entre ellos, los de su alrededor, el mixteco y el chatino, pero no tienen alguna posibilidad de resolverlos porque carecen de políticas públicas, ante la falta de su reconocimiento constitucional.




Una estudiante de la Escuela Primaria Emiliano Zapata, donde también concurren hijos de migrantes que ya nacieron en Estados Unidos. FOTO: Emilio Morales

Si para los pueblos indígenas existen programas de desarrollo social y productivo, así como de asistencia social, salud y educación, no hay ni uno en beneficio de las comunidades negras.


Y así, los hombres y mujeres que se quedan enfrentan grandes problemas en la búsqueda de empleo y desarrollo no solamente en Puerto Escondido y Pinotepa Nacional –los dos grandes centros poblacionales más cercanos–, sino también en la capital del estado, Puebla, Ciudad de México o en cualquier otra parte del país, por un claro racismo asociado a su color de piel y cabello rizado.




Una joven mujer con sus hijos caminan por las calles de José María Morelos, Santa María Huazolotitlán. FOTO: Emilio Morales

¿Un país sin negros?


Incluso, cuando algunos han sido detenidos en las grandes ciudades por las propias policías mexicanas y amenazados de ser deportados a Colombia, Honduras y Cuba, hasta no cantar el Himno Nacional o detallar dónde y en qué año nació Benito Juárez, porque según sus conocimientos, en el país no hay negros.


De esta manera, los Estados Unidos desde fines de los años 90 y principios de los 2000, se convirtieron en una opción real para dejar atrás la pobreza y así comenzaron un éxodo a ciudades de California, Texas, Arizona, Nevada, Alabama, Georgia, Ohio, Illinois y Nueva York, entre los peligros de una migración irregular y del paso de una de las fronteras más peligrosas del mundo.


¿Negra en Oaxaca? "¡Ahí hay puros indios!"


JOSÉ MARÍA MORELOS, Santa María Huazolotitlán, Oax.- “Con cuatro hijos y estando divorciada, me fui en el 2002 por necesidad, porque mis hijos iban a entrar a la universidad. Pasé a California por Tijuana, a través de un túnel; caminamos media hora en cuclillas, creí que nunca íbamos a llegar.

Mi primer trabajo fue de servicio doméstico en la casa de unos hindúes; supuestamente eran ocho horas, pero no, empezaba a la seis de la mañana y terminaba a las 11 de la noche. Después trabajé en un restaurante salvadoreño, luego en la lavandería de una clínica de enfermos mentales; cuando llegaba Hacienda o Migración a inspeccionar, salía corriendo por la puerta de atrás porque si no, cancelaban el negocio por ser indocumentada.

Allá sufrí mucha discriminación, pero también aquí; cuando llegué al aeropuerto de Tijuana, me detuvieron porque me vieron mi color y por las trencitas que llevaba, pensaban que era hondureña o colombiana. Me dijeron ‘usted no es oaxaqueña, allá puros indios’. Regresé en el 2014 a cuidar a mi papá; a su muerte, iba a regresar porque allá están mis hijos; pero ya no, ya no tengo ganas de ir, más ahora que llegó Trump”: Apolinar Sorroza Morales, ex migrante.


 


Por eso, en esta comunidad –que tiene el nombre de José María Morelos y Pavón, el héroe de la Independencia con sangre africana en sus venas–, ya no se conoce con precisión cuántos hombres y mujeres se han ido a los Estados Unidos.


Lo que si se sabe son muchas historias de éxito de quienes han corrido con suerte en su “sueño americano”, aunque sin conocer sus extenuantes jornadas laborales, la discriminación y el constante acoso de las policías estadounidenses y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).


"Estados Unidos ya no es negocio"


JOSÉ MARÍA MORELOS, Santa María Huazolotitlán, Oax.-  “Me fui en el 2000 para allá, pasando por el desierto de Arizona; caminé cuatro días y tres noches cuando la frontera no era tan peligrosa. Me ayudó un amigo, René Salinas Trinidad, que también es de aquí; a él, hace poco lo deportaron. Llegó en marzo y a mediados de abril, se regresó otra vez.

Trabajé en la plomería, me empezó a ir bien y en el 2008, junto con mi hermana, compré una casa en Phoenix que costó 230 mil dólares, pero vino la crisis económica y me la recogió el banco por no contar con documentación.

En el 2012 me detienen sin haber cometido falta alguna, cuando manejaba mi camioneta para ir a trabajar; después me llevan a Migración, donde me condenaron a seis meses, estando en la cárcel del Condado de Maricopa, luego en la prisión estatal y por último en Tent City (la prisión montada con carpas en pleno desierto), donde hace un frío y un calor insoportable.

Finalmente me deportaron y el 8 de febrero de 2013 llegué a la Ciudad de México; perdí todo, la camioneta de 60 mil dólares que había comprado, los muebles de la casa y todo. Dejé muchos amigos; los negros de allá me trataron bien, me decían ‘tú eres mi brother’, mientras que los anglosajones no me podían ver y me insultaban. Ahora que entró este señor Trump, una ‘montonada’ de negros de Corralero ha sido deportada; yo, ya no regreso, aunque mis dos niñas y un niño nacieron allá. Estados Unidos, ya no es negocio”: Adolfo Torres Medina, deportado, 48 años.


 


Para su fortuna, en los negros estadounidenses o afromericanos, han encontrado alguna solidaridad por el similar color de piel frente al desprecio de los anglosajones y hasta de algunos migrantes de países latinoamericanos.


Sin embargo, también se conocen otras tantas historias de fracasos de quienes murieron al intentar cruzar la frontera, en algún accidente o de su deportación en la época de Barack Obama y ahora de Donald Trump, después de un encarcelamiento de meses, sobre todo, a manos de Joe Arpaio, el ex alguacil del Condado de Maricopa, que tiene en Phoenix, a su ciudad más importante.


Doble o triple discriminación


JOSÉ MARÍA MORELOS, Santa María Huazolotitlán, Oax.- “Migré en mayo del 2000, estuve en Pasadena durante 10 años, porque oí lo que decían los paisanos que regresaban de que se ganaba bien, pero finalmente no lo sentí así.

Trabajé en restaurantes, en la construcción y en la jardinería. Los negros de Estados Unidos pensaban que uno era igual que ellos por el color de la piel, pero los blancos e incluso algunos latinos decían que no éramos de México sino de Honduras o El Salvador.

Con los paisanos formamos un grupo cultural para bailar la danza de Los Diablos y un equipo de futbol al que llamamos Costa Chica; fue campeón muchas veces. Como era de puros negros, hasta decían que éramos de Puerto Rico, pero no, negros de Oaxaca”: Martín Alemán Ibarra, ex migrante.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.