Decenas de salas de cine independientes en México padecen las consecuencias del cierre de negocios, debido a la emergencia sanitaria.
De acuerdo con la Comunidad de Exhibición Cinematográfica (Cedecine), son más de 200 salas independientes las que existen en territorio nacional.
De ellas, un 30 por ciento están en riesgo de no poder reabrir una vez que termine la cuarentena.
"Estos modelos de exhibición son sumamente importantes, si esta red de exhibidores desaparece significa que el cine mexicano se queda sin una gran ventana, somos para muchas películas el único sitio. Y hay un público que busca un tipo de cine diferente, no el comercial, en especial en los lugares alejados de la capital", expresa Leslie Borsani, directora de Cine La Mina, ubicado en Guanajuato.
Las más conocidas, como Cine Tonalá y Cinemanía en CDMX, echaron a andar campañas de donaciones del público para resistir.
Otras, las más pequeñas y alejadas de la capital, hacen lo suyo. Esta semana, cuatro de ellas lanzan la campaña #PorAmorAlCine en Donadora.org.
Se trata de Nayar Labcinema, en Tepic, Nayarit; El Cine Club, en Playa del Carmen, Quintana Roo; Cine Too, en Guelatao, Oaxaca; y el propio Cine La Mina.
Sólo ellas cuatro requieren 264 mil pesos para poder mantener la operación hasta mayo, con los respectivos pagos de sueldos a 16 personas y rentas de espacios. Unos 70 mil pesos mensuales para cada uno, retroactivos a marzo, cuando comenzó el cierre de actividades.
Juntos, los cuatro espacios han dado en un año 2 mil 400 funciones para más de 25 mil personas, con un 30 por ciento de películas mexicanas.
"Lo principal es que llegamos a cubrir funciones que los gobiernos no cubren, como el acceso a la cultura, muchos de los públicos que atendemos nunca imaginaron ver un cine distinto. En Quintana Roo hay salas comerciales, pero sólo en Cancún, Playa del Carmen y Chetumal; en las demás regiones no hay nada, nosotros llevamos cine de autor, independiente, mucho cine mexicano que nunca va a llegar a la región", comparte Víctor Morillas, de El Cine Club.
Otro caso en crisis es la Sala Jeudi 27, en el Centro de Morelia, proyecto con 40 butacas encabezado desde 2013 por Óscar Guerra y Virginia Rico.
Ellos ya tuvieron que despedir a 12 personas. Sólo se quedaron con cuatro, quienes trabajan en la cocina para enviar comida a domicilio, su único sustento por ahora para tratar de pagar la renta mensual del espacio por 15 mil pesos.
