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La función de madre

Foto(s): Cortesía
Redacción

Quien ha sido madre, tiene idea de la carga emocional, física y económica que ello conlleva. Habrán observado a mujeres que a pesar de tener hijos los entregan al cuidado de otros, permitiendo que esos otros realicen esa función, comúnmente son los abuelos u otro familiar cercano; pero son las madres quienes viven en silencio el desasosiego que muchas veces eso implica.

 

La reacción ante las normas

 

 

Me gusta observar a los pequeños, sobre todo porque me recuerdan mi esencia y la de todo ser humano; también me brinda materia para la investigación. Ejercer la función de madre no resulta sencilla, principalmente porque dicha función queda envuelta en los fantasmas de mujer: Sentimientos de soledad, vacío, minusvalía y el anhelo de ser amada, son los que la llevan en muchas ocasiones en aras de apaciguarlos a arrebatos.

 

 

Las manifestaciones de Karla

 

 

Hace unos días escuché a una pequeña de 11 años decir con gran entusiasmo: Te amo, madre, tomando el rostro entre sus manos. No pude dejar de sorprenderme ante su actitud, pues en otras ocasiones la he visto hacer muecas y reproches cuando su mamá le da una orden, o si se niega a proporcionarle dinero para comprar golosinas; otro motivo de encono se presenta cuando la regaña por haber sido grosera con su hermano menor.

 

 

 

 

 

Por momentos, Karla siente amor por ella, pero en cuanto la mamá le impone su autoridad o la castiga, le resulta desagradable; en una ocasión, expresó que su madre no la quiere y que la regaña porque tiene algo contra ella. En esos momentos de enojo, a la pequeña se le olvida que no siempre es así, pero no recuerda las ocasiones que su madre le expresa su amor en consentimientos.

 

 

Entre el amor y el odio

 

 

En esos instantes de arrebato, la mirada de Karla está llena de enojo, como dice la voz popular, con ojos de pistola, en alusión al afecto que se despierta de manera viva, odio. Son los niños quienes nos permiten observar las oscilaciones entre los afectos amor-odio que se depositan a una sola persona, en este caso la madre. Es de llamar la atención que por lo general, en la vida adulta prevalecen en el recuerdo las vivencias que depararon frustración, displacer y la experiencia de no ser amado y su contraparte al parecer, queda sepultada en la memoria.

 

 

Cabe decir que estos afectos no tienen término. Los hijos crecen físicamente, pero ante ciertas circunstancias responden de la misma manera como cuando fueron niños; es decir, al parecer psíquicamente no logran madurar.

 

 

La función y los afectos

 

 

Podemos decir que la Función de madre se bifurca, la que ella (la persona) aplica y la que los y las hijas introyectan a partir de los montos de afecto que se despiertan por la coartación a sus empujes al placer. Así, los afectos se ligan a la función y por tanto quedan abiertos a nuevas ligazones que serán representadas por nuevas figuras (personas).

 

 

Reflexión

 

 

Por lo anterior suponemos que la Función Materna siempre se cumple. Como madres es necesario que reflexionemos sobre nuestros fantasmas que nos llevan al sufrimiento y muchas veces a padecer a los hijos, pues de no resolver tal vericueto, fracturamos el amor.

 

 

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