Jaime González cuenta los días para volver a los campos. Su vida es el beisbol, deporte que le ha regalado momentos inolvidables.
El popular Chivero es el primero en llegar a la Unidad Deportiva 21 de Marzo de San Bartolo Coyotepec, y el último en irse. Es el “apaga y vámonos”.
El año pasado, en noviembre, se inauguró el 74 torneo de la Liga Regional de Beisbol de Aficionados Eduardo Vasconcelos, que lleva su nombre; un año después, sigue vigente su campeonato debido al COVID-19.
“Son 35 fines de semana sin beisbol. Ojalá que para enero o febrero ya se pueda volver. Primero Dios”, lanza el veterano pelotero de 69 años de edad.
La pandemia nos recuerda –apunta— que debemos disfrutar los momentos de victorias y derrotas del beisbol. Tenemos que vivir cada lanzamiento, cada batazo y cada carrera como si fuera la última.
Entrevistado en el marco del aniversario del homenaje que le hicieron los peloteros de la Liga Vasconcelos, el Chivero agradeció al beisbol por los amigos que ha dejado en los diamantes durante más de 57 años como pelotero.
DE CUIDAR A SUS CHIVOS, AL CENTRO DEL DIAMANTE
A los doce años de edad, Jaime pastoreaba sus chivos y toros en los terrenos aledaños donde se jugaba beisbol de la Liga Joaquín Amaro.
Cuando un chivo se quería perder de la vista del Chivero, le soltaba una recta que le pegaba en el lomo a la bestia o caía cerca.
Esa puntería llamó la atención de Silvestre Patricio, quien lo invitó para enrolarse en el equipo Rolex.
“Yo los veía jugar y me llamaba la atención, pero cuando me calcé un guante comenzó el amor por el beisbol”, recuerda emocionado.
Cada domingo, sin falta, era el primero en llegar al campo; listo para calentar y subir a la loma.
Posteriormente, militó en la Liga del Instituto Carlos Gracida con el equipo Padua, en un torneo escolar.
De ahí, cuando se crea la Liga Eduardo Vasconcelos, el Chivero se enrola en los equipos de esa organización y hasta la fecha se mantiene vigente, aunque ahora como ampáyer.
PRUEBA DE AMISTAD
Fue en el año 2015 cuando Jaime González fue intervenido quirúrgicamente para removerle un tumor en el cerebro.
Gracias a la amistad que ha forjado durante décadas, la Liga y los delegados de los equipos cooperaron para ayudarle con los gastos.
“No tengo palabras para agradecer ese detalle, porque se juntó una cantidad que en ninguna otra ocasión se ha logrado para ayudar a un lesionado”, platica y asegura que no existe mejor reconocimiento que sentir el respaldo de la familia beisbolera que se preocupó por su salud. “Gracias a Dios, aquí andamos”.
Por ello, cuando fue propuesto para que el torneo 74 llevara su nombre, declinó, pues consideró que ya había recibido suficiente de sus compañeros.
Sin embargo, Jaime González ya es un inmortal más de la Liga Eduardo Vasconcelos.
SALIR CAMPEÓN LO ES TODO
Brazo respetado como lanzador y como receptor y oportuno con el madero, el Chivero tuvo la oportunidad de salir campeón en sinnúmero de ocasiones.
“Cuando cae el último out y eres campeón, es algo increíble. El festejo con los compañeros y la familia se queda grabado para siempre”, considera.
Sin embargo, cuando no se es campeón, la mistad que se forja cada ocho días es un trofeo que se guarda en el corazón.
Y es que gracias al beisbol también tuvo la oportunidad de hacer amistad con peloteros de otras entidades, pues representó a Oaxaca en los Juegos Obreros y en otras competencias.
Después de su etapa como jugador, comenzó la su carrera como ampáyer, lo que le permitió actuar en juegos de preparación de los Guerreros de Oaxaca, así como en competencias Olimpiada Nacional, Juegos del Cobao, entre otras.
Para finalizar, Jaime González hizo un reconocimiento público a la persona que lo acompaña a los diamantes desde hace 45 años: su esposa.
“Es la mujer más hermosa, la compañera perfecta y le estoy agradecido por todo su amor”, finalizó el Chivero, quien desea que pronto se escuche el bullicio de la familia beisbolera disfrutando del juego de pelota.
