Cesáreo Victorino Ramírez, campeón con Cruz Azul y América, llegó a Oaxaca para compartir su experiencia.
Uno de los jóvenes que siguió al pie de la letra sus enseñanzas fue Julio Girón Méndez, quien agradece a Cesáreo la oportunidad de guiarlo para llegar al futbol profesional.
“Si no hubiera conocido a Cesáreo, me habría dedicado a ejercer mi carrera de maestro. Estoy agradecido con él”, asegura Julio Girón, quien es maestro en la Escuela Primaria Andrés Portillo de la capital oaxaqueña.
Julio Girón nació en el barrio de La Soledad, donde disfrutó de una infancia en laque “salías a jugar a la calle con toda la libertad”.
Nos juntábamos con otros niños —recuerda— y armábamos las retas en la calle, donde se creó el famoso grito de “coche, coche”, y parábamos de jugar para dejar pasar el vehículo y continuábamos con el encuentro.
“Además, utilizábamos el patio de la Plaza de la Danza y en otras hacíamos uso del patio del templo de La Soledad, por lo que fuimos de una generación que su mejor distracción era el jugar futbol”, remarca.
Estudió la primaria en la escuela Andrés Portillo, la secundaria en la escuela Federal N° 1, de ahí brincó al CRENO, donde terminó la carrera de profesor de educación primaria.
SU INGRESO A LA ESCUELA DE CRUZ AZUL
En 1982, cuando cursaba el tercer año de la Normal, conoció a Cesáreo Victorino en un partido interescuadra que la Escuela de Cruz Azul llevó a cabo con el selectivo del CRENO. El encuentro finalizó empatado a dos goles.
Después del juego, Cesáreo se aceró a él y a Moy Ramírez, para invitarlos a entrar en su equipo, donde ya estaban jugadores como Carlos Ayala, Ricardo Alarcón, Saúl Hernández, Eduardo Medina, Hugo “el Súper” Ortiz, entre otros.
Pero Julio no contaba con recursos para pagar los entrenamientos. Sin embargo, Cesáreo les pidió que entrenarían a niños y esa sería su cuota.
CAMINO HACIA EL PROFESIONALISMO
En 1983 se recibe de maestro de nivel primaria, y ese mismo año le llega la invitación, al igual que a Ricardo Casas, para ir a probarse al Cruz Azul de la primera división, luego de haber acudido a un torneo celebrado en La Noria.
“Tras esa invitación, renuncio a mi plaza de maestro y me voy al Seminario Menor de Acoxpa donde entrenaba el equipo de Cruz Azul, llego por el mes de agosto”, expresa emocionado.
Sin embargo, Cesáreo Victorino acudió a los entrenamientos y los invitó para ir a Salina Cruz, donde se haría cargo de la dirección técnica de los Camaroneros.
“Comenzamos jugando con el equipo, el cual por cierto, estuvo integrado con todos los jugadores de la Escuela de Cruz Azul. Las primeras jornadas las disputamos en el estadio Manuel Cabrera Carrasquedo ya que aún no estaba terminado el estadio Heriberto Keohe Vincent.
“Poco tiempo después volvemos a Salina Cruz para jugar el estadio, permaneciendo con el equipo por un periodo de siete años”, indica Girón Méndez.
Recuerda que Cesáreo tomó las riendas del equipo que estaba prácticamente descendido, pero los jugadores que integraban la Escuela del Cruz Azul los salvaron de bajar.
Julio señala que tras esa etapa vuelve a Oaxaca para jugar con el equipo Chapulineros en la segunda división A en la temporada 1988-89; se regresa a Salina Cruz, y en la temporada 1990 a 1992 retorna con Chapulineros de la Segunda B, para de ahí terminar su carrera como futbolista profesional con el Deportivo Acapulco.
CAMBIÓ LA MENTALIDAD
Cesáreo traía otra mentalidad, y cuando su equipo entrenaba todos los días para jugar en Mayor A, eso causó envidia.
Una de las cosas que le gustaba, es que el equipo mejorara día a día, y nunca dejó de entrenar, al final, con su trabajo les tapó la boca a sus detractores porque la mayoría de sus jugadores llegó a jugar profesional.
“Después de cada encuentro, Cesáreo nos invitaba a su casa para disfrutar de un asado; a él le aprendimos muchas cosas, y todos le debemos mucho agradecimiento”, finaliza diciendo Julio Girón.
