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Supera nadadora paralímpica debilidad visual

Foto(s): Cortesía
Redacción

La medallista parapanamericana describe el agua como el elemento más significativo en su vida, ahí donde conoce la gloria de llegar a unos Juegos Paralímpicos y donde la debilidad visual ha agudizado sus demás sentidos.


"Yo justo puedo tener más esa sensación kinestesia y olfativa, para mí el agua sí tiene textura diferente de una alberca a la de un mar y un río", describe vía telefónica la medallista parapanamericana de Lima 2019.


La pandemia ha sido un tiempo de aprendizaje y su capacidad de adaptación la ha llevado a entrenar de una manera distinta fuera de la alberca sin faltar sus entrenamientos rumbo a Tokio 2020+1 ( del 24 de agosto al 5 de septiembre de 2021).


Recuerda como la progresión de la enfermedad visual que padece desde pequeña y que ocasionó su cambio de categoría a S11, ciegos y débiles visuales, la impulsó para nadar en un escenario desconocido y con goggles completamente oscuros.


"Estuve a punto de tomar la decisión de dejar la natación porque llevaba 12 años compitiendo, cuando llega este cambio de clasificación fue un cambio abismal... no sabía cómo hacerle. Me sentía perdida", se sinceró.


Con cada brazada fue encontrando de nuevo el rumbo.


¿Cómo cambiaron tus entrenamientos con la pandemia?


He trabajado con mi psicóloga Margarita Cerviño con una técnica de visualización en donde recuerdas entrenamientos, recordar la respiración y la técnica, es como si estuviera ahí. Es totalmente físico de lunes a viernes con el entrenador Ulises Menéndez, seguimos teniendo el contacto y hay correcciones.


¿Se agudizan otros sentidos ante la disminución de uno?


Sí, por ejemplo en mi caso es mucho el oído y el olfato.


¿De qué momento has aprendido más?


Desde pequeña, tanto mi familia como los doctores, siempre me manejaron un padecimiento progresivo y degenerativo, tienes esas palabras toda tu vida, pero nunca te imaginas cómo lo vas a vivir. Se me junta todo... estaba en final de carrera de psicología de la UNAM, me dolía más la cabeza al estar en la computadora y el teléfono, tenía más inseguridad al caminar.


A la vez no quería saber la respuesta, evadía lo que realmente yo sabía. Afortunadamente la vida me dio la oportunidad de encontrarme con la entrenadora Lluvia Garcés, quien fue la que me enseñó a no dejar la natación por sentir una limitación que más adelante descubrí que no era una limitación por el cambio de clasificación que es S-11. No desistí.


¿Cuál es el sabor y el olor del agua?


Entre albercas puedes sentir una alberca más pesada con otra. Sientes en tu piel una textura más reseca si tiene más químicos, pero cuando entras a una piscina el olor que se hace entre el vapor y el cloro es como a alguien que le gusta el café y entra a una cafetería.


¿Cómo imaginas el río o el mar?


He tenido oportunidad de conocer el mar, hay unos más fuertes que otros. Las olas llegan en distintas direcciones, cada una tiene una vibración distinta. Esa agua es más pesada y en la mañana es más cálida y amable, por la tarde el mar está cansado. La de un río es más pura. En la de la alberca es agua con cloro, pero ahí se siente responsabilidad.


¿Y la psicología?


Me veo con una cédula profesional y hasta un doctorado. Me gusta la psicoterapia, tanto con temas clínicos como educativos. Me gusta descubrir los problemas y encontrarles solución.


¿Una medalla en Juegos Paralímpicos de Tokio 2020?


Me he visto levantando las manos con mis compañeras en el podio y hasta me sale una sonrisa. Me visualizo con un metal.

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