ISLA DE PASCUA, Chile.- En el punto más elevado de Rapa Nui, la cima del volcán inactivo Maunga Terevaka, se manifiesta el carácter remoto de esta isla, el lugar habitado más aislado del planeta.
Hacia donde se mire, a unos 500 metros sobre el nivel del mar, el azul cobalto del Pacífico tiñe el horizonte. Se asoma por detrás del pueblo Hanga Roa o a espaldas de la cantera del volcán Rano Raraku, donde hace más de mil años, los antiguos pobladores extrajeron la piedra para labrar los míticos moais.
Un encuentro cara a cara con estos monolitos de rasgos antropomorfos, protectores de la isla, atrae a los viajeros hasta esta lejanía, mejor conocida como Isla de Pascua.
Reconocer la tierra
Llegamos tras 15 horas de viaje y dos vuelos, desde la Ciudad de México. De Santiago de Chile despega el vuelo diario de LATAM, el único hacia el destino, que está a casi seis horas y 3 mil 700 kilómetros de distancia.
No por nada este destino de la Polinesia, en lengua rapanui ostenta el nombre de Te Pito o Te Henua, que significa "el ombligo del mundo".
Este sería el lugar perfecto para ponerse cómodo con la soledad, a no ser porque un grupo de más de 240 pasajeros recién aterrizó en la isla.
Se busca un acercamiento a los enigmas entorno a la construcción y desplazamiento de los moais, también recorrer los senderos del Parque Nacional Rapa Nui, navegar, cabalgar, andar en bicicleta, asolearse en la playa o bucear.
El turismo en este destino comenzó a finales de los 60, con la apertura de dicho vuelo y algunos alojamientos. Sin embargo, a lo largo de la historia ha sido un lugar visitado por expedicionarios, etnólogos, antropólogos y comerciantes de varias partes del mundo.
Actualmente, uno de los retos que enfrenta esta isla, de sólo 117 kilómetros cuadrados de extensión, es la gran cantidad de automóviles que hay, dice Cristián Rapu, mi compañero de asiento durante el vuelo, un rapanui quien trabaja en el centro de buceo Mike Rapu y reconocido por sus registros fotográficos y audiovisuales.
Atrás queda el aeropuerto. Nos dirigimos al que será una suerte de campamento base durante los próximos días: el hotel Explora Rapa Nui, que desde 2007 desarrolla una veintena de experiencias guiadas.
Por la tarde, la isla comienza a hablarnos. El primer acercamiento con los moais ocurre muy cerca del hotel, como parte de una caminata sencilla hacia la costa. En el trayecto hay vacas, toros y caballos salvajes que pastan a su aire.
De cara al océano, y a varios kilómetros de la cantera, encontramos los primeros vestigios moais en el santuario Ahu Akahanga. A diferencia de los que protagonizan las clásicas postales, éstos no han sido restaurados. Están rotos, tirados, algunos con el rostro mirando al suelo.
Inevitablemente, las preguntas resuenan: ¿Qué les pasó?, ¿cómo llegaron hasta aquí?
Sentir el fuego
Poco a poco, el sol se asoma a un costado de los 15 moais del Ahu Tongariki, el santuario más grande de la isla.
Algunos madrugadores disparan con insistencia sus cámaras fotográficas, como buscando algún gesto en las figuras talladas en toba volcánica que dan la espalda al mar y miran al Rano Raraku o la cantera. Otros se sientan en silencio, dejándose calentar por los rayos del nuevo día.
Hay varias explicaciones sobre el significado de los moais. Una de las más difundidas asegura que se trata de monumentos funerarios. Se calcula que hay unos mil en la isla, que tienen entre 300 y mil 400 años de antigüedad.
"Cuando un jefe de tribu o miembro importante de la familia fallecía, se mandaba a hacer una estatua para honrar su memoria", dice Omar Monares, nuestro guía rapanui. Con el paso del tiempo, fueron labrando moais cada vez más grandes. El de mayor tamaño, que mide 21 metros y cuyo peso se estima en 200 toneladas, yace inacabado en la cantera.
El Rano Raraku se explora recorriendo un sendero bien delimitado, donde hay decenas de moais en distintas fases de elaboración, algunos están desperdigados por la ladera del volcán e incluso al interior de su cráter, donde se encuentra una laguna.
Con el paso del tiempo muchos moais quedaron semi enterrados, lo que ha permitido a los arqueólogos estudiar ejemplares bien conservados.
Una vez terminados, los moais se transportaban de la cantera a los santuarios. Entre las teorías de los investigadores destacan el uso de cuerdas y tracción humana. Sin embargo, la creencia popular pascuense de que estos gigantes podían caminar, desata la imaginación.
Abrazar el viento
La lluvia que da la bienvenida al nuevo día en Rapa Nui, acaba tan súbitamente como comenzó.
El transporte de Explora deja al grupo al suroeste de la isla, en el Ahu Vinapu. Desde ahí, avanzamos cuesta arriba hacia el cráter del volcán Rano Kau, custodiados por el estruendo de las olas del Pacífico y un par de perros sin dueño.
Entre pastizales bien crecidos y flores silvestres, se camina volteando hacia atrás de vez en cuando para contemplar el paisaje costero.
Poco antes de llegar al cráter, Omar, pide fijar la vista en el suelo y avanzar. Más vale no hacer trampa.
A su señal levantamos la vista. La panorámica del cráter, con sus árboles en el contorno y las pequeñas islas formadas por la totora (una planta de tallo erguido que crece en su laguna interior) arranca una expresión de asombro.
A la izquierda, un acantilado de cientos de metros de altura, la inmensidad del Océano y el viento que huele a sal. A la derecha, esta formación de 300 mil años de antigüedad. Reina la calma.
Honrar al agua
La relajación absoluta se encuentra durante una mañana en la Playa Anakena, un apacible rinconcito de arenas semirosadas, donde parece un sueño asolearse frente a dos santuarios moai.
La tradición oral cuenta que en esta playa, al norte de la isla, desembarcó el fundador del pueblo rapanui, el rey Hotu Matu'a, quien antes de dirigirse hacia la nueva tierra, mandó a un grupo de siete expedicionarios. Se cree que estos hombres están representados en los siete moais del Ahu Akivi, situado a unos 10 kilómetros del pueblo Hanga Roa.
En el mar, las olas golpean suavemente las piernas, se puede caminar varios metros hacia adentro antes de comenzar a flotar. A lo lejos se observa un grupo de buzos en preparación para avistar la flora y fauna submarina: la actividad se ha popularizado, pues el destino presume excelente visibilidad.
Después de refrescarse, nada más rico que tumbarse sobre la arena y sentir el calor del sol. De pronto, el sonido de un grupo de caballos irrumpe inesperadamente y pasa a todo galope frente a los moais. La isla nos dice que aquí, la naturaleza no ha sido del todo domada.
Para despedir la expedición por Rapa Nui, caminamos a la orilla de un acantilado donde el oleaje rompe con furia. El atardecer está cerca y aunque quisiéramos permanecer más tiempo contemplando el mar desde la formación rocosa conocida como las "Dos ventanas" -a donde se llega entrando por un agujero en la tierra-, seguimos hasta el Ahu Tahai.
Otros viajeros también están reunidos frente al santuario, a la espera de que caiga la noche. Ante el espectacular cielo anaranjado y rosa que enmarca la silueta de los moais, no hace falta hacer más cuestionamientos.
Gigantes silenciosos
Labrados hace siglos para honrar la memoria de personas importantes de la comunidad rapanui, se cree que los moais protegen a la isla.
- Su origen está relacionado con los ritos funerarios de los antiguos rapanui.
- Entre las teorías científicas sobre cómo se transportaban las estatuas están el uso de rodillos, cuerdas y tracción animal o humana.
- La tradición rapanui habla sobre una energía, fuerza espiritual o poder sobrenatural -llamada mana- que animaba a los moais y servía para que se desplazaran o caminaran. Por otro lado, no faltan especulaciones sobre la intervención de extraterrestres.
- Conflictos entre las tribus ocurridos entre los siglos 16 y 18 originaron el abandono de la producción de moais y la destrucción de los santuarios.
- Los moais que los viajeros contemplan ahora de pie sobre sus plataformas son el resultado de años de restauraciones. Una de las más recientes concluyó en 2006 a cargo del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile y con un financiamiento de 671 mil dólares aportados por el gobierno japonés.
Vistazo al pueblo
En Hanga Roa, el pueblo de Rapa Nui, se concentra la población de la isla. Aquí, mochileros y otros turistas se abastecen de pan recién horneado y fruta fresca.
La cantidad de sitios que anuncian alojamiento o autos en renta, el mercado de artesanías con cientos de moais tallados en madera y roca, y las tiendas de ropa de playa ayudan a poner en perspectiva la importancia del turismo en Rapa Nui; actualmente representa la actividad económica más importante.
Por las noches, uno de sus principales atractivos de Hanga Roa es el espectáculo de baile y música tradicional, representado por el Ballet Cultural Kari Kari.
