El único delito del campesino Heliodoro Morales Mendoza fue limpiar sus terrenos y hallar en su propiedad comunal tres conejos muertos. Hoy el originario de Tlacolula de Matamoros cumple seis meses en el reclusorio ubicado en Santa María Ixcotel, acusado de matar a los animales, bajo la figura de delitos contra la biodiversidad.
“Creo que hay personas más peligrosas que andan libres; porque supuestamente mató los conejos en su terreno, el Ministerio Público federal le quiere dar 10 años de cárcel”, reclamó el hijo del imputado, Heliodoro Morales Soriano.
El predio de siembra del comunero se localiza en un área natural protegida, que abarca parte de la zona de Yagul, y por lo cual, sin pruebas fehacientes, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) del gobierno federal, lo denunció.
En entrevista, el hijo del campesino narró que su padre es el único sostén de cinco miembros de la familia, cuyos vástagos están estudiando:
“Estamos pasando por una situación económica difícil, estamos estudiando varios, es un mal momento familiar porque no hay ingresos; no entendemos por qué el afán de tener a una persona presa por tres conejos, sin que haya elementos de prueba; pido ayuda a la sociedad para que se pronuncien a favor”, dijo.
Señaló que el presunto delito fue cometido en el año 2012 sin embargo, fue hasta el 30 de enero de este año en que fue aprehendido por elementos de la Policía Federal, y trasladado al Centro de Readaptación Social (Cereso) con sede en Ixcotel.
Morales Soriano reprochó que el Juez Segundo Penal de Distrito, Fidel Gallegos Figueroa, no esté abierto a impartir una justicia humana, y se pretenda juzgar a una persona que supuestamente mató a tres conejos, como si haya quemado cientos de hectáreas de bosques o arrasado con importantes áreas de fauna y flora en zona protegida.
“Eso mismo le quisieron hacer a una señora que recolectaba chapulines para sobrevivir; la acusaron y la quisieron meter a la cárcel. Si fuera el caso de mi padre, todo mundo sabe que en los pueblos es una práctica cotidiana cazar conejos y prepararlos para comer; además, sirve para evitar la reproducción de estos animales, que es demasiado acelerada”, indicó.
“No sé cuál sea el afán de que nuestras autoridades no quieran ser conscientes de esa situación y pretenden tener presa a una personas. Ojalá que el juez pueda concientizarse y valorar qué es más importante si tener preso a una persona porque supuestamente mató a tres conejos o castigar y sancionar a una persona que ha cometido delitos más graves”, indicó.
Lamentó que para que continúe el juicio y el imputado demuestre su inocencia, la justicia requiera que pruebe su calidad de indígena, así como el que no representa un peligro para la sociedad, dictámenes que requieren una erogación fuerte de dinero.
Dijo que diversos sectores y particulares de Tlacolula han firmado documentos que avalan la buena conducta de su padre, pero eso no ha servido para convencer al juez de la causa.
