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La octava de la feria, en Guelavía, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

SAN JUAN GUELAVÍA, Tlacolula, Oaxaca.- Décadas de experiencia en la elaboración de piezas de carrizo delatan los ojos de doña Juana López, que con medio siglo dedicada a elaborar cestería, oficio que aprendió de su esposo, es una de las participantes de la feria del carrizo que este año llegó a su edición 17. En su puesto exhibe canastos, botellas forradas y pequeños cestos, acompañada de sus hijos y nietos, así como de don Morque García Martínez, su marido.


"Sí, desde la entrada del plástico al mercado, bajó mucho la venta de los canastos; eso también hizo que bajara el precio de nuestro trabajo. A veces el cliente lo paga bien, otras no", comenta, mientras una clienta llega a preguntar sobre el precio de un canasto.



Juana López, con su nieto

-Este cuánto cuesta- le pregunta mientras alza el canasto y lo observa de todos lados, se lo coloca en el brazo y lo mira.


-Vale $450- responde Juana López.


La mujer se lo quita y le vuelve a preguntar.


-Y cuánto es lo menos.


-Déme $400; ni usted ni yo.


La compra no se concreta.


El trabajo y experiencia a cuestas a veces no garantiza que el comprador pague lo justo. Por todos los puestos ocurre lo mismo, el regateo es moneda de cambio, algo prácticamente automático y los creadores de estas piezas, quienes se han ocupado de innovar cada producto en modelos, tamaños y usos, a veces venden bien y otras tienen que rebajar sus precios.


"Yo cobro $100 por día", comparte don Eleuterio Hernández, quien fue más allá del canasto tradicional para crear juguetes de carrizo; algunos cochecitos y aviones son opción en su puesto. Un niño se acerca y toma uno de los aviones, se lo pide a su mamá, la señora saca un billete de $200 y lo paga, no regateó ni por error. Se lo da a su hijo y se van.


Eleuterio Hernández comenta que él aprendió desde chamaco: "Empecé haciendo jaulas sencillas y luego traté de buscar formas para darle vida al carrizo y otra presentación. El precio lo pongo por el tiempo que me tardo; si en dos días hago un avión, este vale $200, y así con cada pieza.


Los artesanos coinciden que la mejor temporada es en octubre, antes de los Días de Muertos, porque se vende más la canasta de asa. Estas ferias, que se realizan desde hace 17 años, sí los han ayudado con sus ventas, aseguran. Aunque este año no se reunieron los 30 productores que año con año colocan sus puestos en la feria, porque dicen, tienen mucha demanda y prefirieron sacar sus pedidos.


Por el carrizo van al río Salado, así cuenta don Felipe Martínez García, quien aprendió desde que iba a la primaria; su padre le enseñó. "Hace 26 años había otros modelos; hoy hay más variedad. Hace 15 años comenzamos a crear otros modelos para ganar más mercado".


Su puesto es uno de los más extensos; vende canastos, fruteros, basureros, papeleros, lámparas, floreros, jaulas, repisas, botellas forradas y sus innovaciones más recientes destacan por la combinación de materiales: el carrizo con la piel y la herrería. Es así como ha involucrado a la familia completa, a su esposa, sus hijos y su nuera, con quienes trabajan para sacar pedidos que se van hasta Guadalajara y Monterrey.


En uno de los puestos más cercanos a la entrada, doña Inés Juanita López García sonríe y atrae al comprador con su peculiar sentido del humor; desde el inicio confiesa que ella es revendedora, aunque originaria de Guelavía.

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