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Don Cristino; sueños de hojalata en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

“En Oaxaca no es valorada la artesanía de hojalata”, asegura el artesano Cristino Lavariega Gabriel, quien por 45 años se ha dedicado a elaborar y diseñar piezas de este material que convierte en obras de arte.


Sentado en su silla de madera, con la mirada al aire tratando de acordarse de la fecha en que inició con el oficio, detalla que en el año 1970 entró a trabajar con un artesano de hojalata y con grandes esfuerzos aprendió a dominar la técnica.


Originario de Santa María Huatulco, el oficio le permitió darle estudios profesionales a sus tres hijos y evitar emigrar a Estados Unidos, pues asegura que en su comunidad ese es el destino de los jóvenes ante la falta de empleo y oportunidades.



Sus jornadas diarias son hasta de 12 horas de trabajo.

 


Jornadas de 12 horas


El artesano comenta que su jornada diaria inicia a las seis de la mañana, hace un poco de ejercicio, desayuna y después se dedica a su taller, en donde pasa al menos 12 horas de su día decorando o soldando la hojalata.


Con este oficio ha logrado obtener recursos para mantener a  su familia, semanalmente trabaja con 50 kilos de hojalata, elaborando diferentes artículos, por encargo la mayoría.


En la entidad no es viable tener un local comercial para vender la artesanía, indica, por lo que acude a tiendas a dejar productos a consignación; es decir, el producto que se venda es el que le da ganancias. .


“Nosotros dejamos 100 piezas, cada mes vamos y nos dicen cuánto se vendió y nos pagan”, dice.



 


Los precios bajos


El artesano, expresa que la hojalatería tuvo sus tiempos de auge, en donde piezas como estrellas, calaveras, soldados, tambores, cornetas, fusiles, banderas y caballos se vendían como “agua”, también se producía más y no había competencia, pues sólo  existían tres talleres.


En ese entonces llegó a tener ocho trabajadores y un solo comprador que le pagaba un precio justo por las piezas, pero poco a poco el panorama cambió, pues empezaron a emerger más talleres y personas que elaboraban las artesanías.


Para evitar abandonar el negocio, don Cristino tuvo que crear nuevas piezas que llamaran la atención, sobre todo de las personas extranjeras, quienes consumen más la artesanía.


“A pesar de eso, no dejamos de vender localmente, pero la diferencia es que con un extranjero a una pieza le gano hasta 20 pesos más y con el comercio local sólo  tres pesos” dijo.


Los precios de esta artesanía van de 20 pesos por un par de aretes, hasta cuatro mil pesos por piezas grandes hasta de un metro de dimensión.


Para su elaboración se necesitan cortadores, cinceles, planchas de plomo sobre las cuales el artesano trabaja los diseños, martillos, cortadoras y fundidores.


Para las piezas, se tienen infinidades de modelos, los cuales sirven de molde para la elaboración de los artículos de hojalata.


“Hasta que Dios me dé vida”


Don Cristino indica que la hojalatería es su vida, que ya no piensa dedicarse a otra cosa porque su edad ya no se lo permite, junto con su esposa Aida Aquino Boya han creado un sustento familiar, pues ella se encarga de ponerse de acuerdo con los compradores y cobrar la artesanía que dejan en los cinco lugares donde surten.


Él acude a la Ciudad de México a comprar el material con el que labora las piezas únicas por su diseño y creatividad.

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