Pasar al contenido principal

Sobre el arte adivinatorio de los zapotecas

Foto(s): Cortesía
Redacción

La semana pasada encontré una publicación en las redes sociales del doctor Sebastián Van Doesburg, en la que anunciaba la aparición de los cinco primeros tomos de "La adivinación zapoteca", un trabajo colectivo monumental coordinado por su colega y amigo Michel Oudijk y que forma parte de la serie "De conquistas, luchas e independencia", auspiciada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, como parte de la conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlán.


No existe ser humano en el mundo que no quiera conocer, aunque sea un poco, de su destino. El azar caótico, injusto e incontrolable es una de las fuerzas ocultas que controlan el devenir del mundo y, por lo mismo, todas las sociedades han manifestado interés en comprender -y de ser posible, controlar- los dictados de lo desconocido.


La cultura zapoteca no escapa de estas inquietudes. Como todos sus pueblos contemporáneos, incluyendo a los conquistadores españoles -que por dar un ejemplo, impartían en las universidades la cátedra de Astrología-, los zapotecas erigieron instituciones y conceptos destinados a conocer los designios de la divinidad. Si bien es cierto que estas instituciones sufrieron los embates de la administración colonial, quedan muchos vestigios de  las mismas.


Es sorprendente saber que lo que sobrevive de la mántica zapoteca es mucho más de lo que imaginamos.  El arte adivinatorio zapoteco pervive inscrito en piedra y en algunos códices, que después se transformaron en cuadernos en los que los contadores zapotecos, mixtecos y chololtecos, llevaban la cuenta de los días del antiguo calendario. Esta práctica ancestral se mantienen hasta hoy en día, aunque en contadas comunidades, como San Pedro Quiatoni y San Pablo Lachiriega.


La tradición mántica zapoteca representó un desafío para la administración colonial que veía en cualquier rasgo de supervivencia de las antiguas religiones, una amenaza al orden impuesto a través de la fe. Sin embargo, en muchos de los guardianes de la religión católica, encontramos inquietudes intelectuales que se interesaba genuinamente en conocer y comprender la cultura de los pueblos que llegaron a evangelizar. Paradójicamente, la confiscación de muchos de los documentos adivinatorios por parte de la iglesia, los preservó de la destrucción.


Los cinco tomos de esta obra reúnen la transcripción de los libros mánticos zapotecas, desde los más antiguos hasta los más recientes, además de presentar los documentos que con ese tema generó la administración española; como las investigaciones de religiosos con espíritu humanista y los documentos propios de la Santa Inquisición, cuando abría un proceso en contra de quien usara estos libros con fines adivinatorios.


El tomo primero reúne, además, interesantísimos artículos que nos permiten comprender la importancia y la vigencia de este legado cultural, la mayoría escritos por los antes citados Michel Oudijk y Sebastian Van Doesburg, que reconocen en estos sistemas adivinatorios sofisticadas construcciones lógicas que permitían a los antiguos zapotecas una interacción más organizada con su entorno y su sociedad.


 


Es sorprendente saber que lo que sobrevive de la mántica zapoteca es mucho más de lo que imaginamos”.



Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.