Llegar ayer a mediodía a arreglar la tumba de su padre, Adolfo, en el panteón del Barrio de Xochimilco significó tardanza para Citlalli, quien no sólo llevó flores y veladores, sino papel picado y catrinas impresas en cartón.
“Mi papá era muy creyente de estas fechas, se emocionaba, a él le gustaba mucho esta tradición”, contó mientras recortaba el pasto y retiraba las flores secas de dos rosales sembrados sobre la tumba.
Por la noche toda su familia llevó fruta, el resto de la ofrenda y encendió el copal para velar durante la madrugada la presencia espiritual de su padre.
“Desde hace dos años que murió venimos a estar con él, era creyente que los difuntos venían y nosotros creemos que él ya está con nosotros”, dijo con la sonrisa iluminada de una fecha que para ella hace que el recuerdo se convierta en alegría.
La algarabía de quienes visitaron las tumbas del panteón del Barrio de Xochimilco se multiplicó por las actividades que, por segundo año, organizó el ayuntamiento de Oaxaca de Juárez ante el cierre del área central del panteón general o San Miguel, el más antiguo de la ciudad.
En cementerios los deudos acompañaron a sus fieles difuntos. FOTO: Román Carlos
Hacer de la muerte una fiesta
El desfile de catrines y catrinas recorrió las calles del Barrio de Xochimilco, en cuyo atrio del templo católico, adjunto al panteón, se leyeron las calaveritas de un concurso en el que los participantes fueron personas adultas.
Con los acordes de la Banda de Alientos Infantil y Juvenil de San Lorenzo Cacaotepec que llegó al atrio del templo de Xochimilco, el panteón se llenó de música para dar pie a la velada que empezó a las 20:00 horas, aunque había familias que llegaron desde antes para estar junto a la tumba, fieles a sus difuntos.
A pesar de que las actividades culturales y turísticas se trasladaron por segundo año consecutivo al panteón del Barrio de Xochimilco por los daños estructurales que tras los sismos de septiembre de 2017 persisten en el panteón San Miguel, éste fue el más visitado.
El cierre del área central y más antigua generó inconformidades. Con tristeza, enfado e impotencia, decenas de personas llegaban a la pequeña oficina del administrador para preguntar por qué cerraron es espacio justo ayer.
“Fue decisión de protección civil, se trata de evitar riesgos”, explicaban los trabajadores, pero Flavia, no pudo evitar enojarse: “¿Por qué no avisaron? Ahora voy a tener que revender mis flores”, decía con la frustración atravesada, pero su madre Dolores trataba de calmarla: “Las ponemos en la casa, no te preocupes”.
A Evelia, otra mujer que también se encontró con la sorpresa de la determinación, no le gustó llevarse la veladora y el ramo a su casa:
“No es lo mismo, yo quería estar en la tumba de mi hija hoy, que es el mero día”, expresó una madre para quien siete años no han servido para disminuir el dolor que siente por el asesinato de su hija.
San Juanito sin agua
En panteones de agencias del municipio de Oaxaca de Juárez, como San Juanito, las labores de aseo se complicaron por la escasez de agua.
“Me tuve que formar media hora para llenar una cubeta con agua”, expresó con enojo Maria Ortiz, quien llegó muy temprano para limpiar la tumba de su esposo Facundo, su papá Valentin y su abuela Lidia.
Al igual que ella, Luz pensaba tardar 60 o 90 minutos arreglando la tumba de su hijo Jesús, quien falleció ahogado a los 33 años en Puerto Escondido, pero la falta de agua le complicó todo, dice con la tristeza que le genera una muerte que no supera.
A sus 88 años Josefina fue más previsora. Llegó muy temprano al panteón de San Juanito, cuando casi estaba vacío y pudo ir por el agua que le permitió contemplar las flores que le llevó a su esposo Isidro y a su hija Concepción, quien en 2002 murió de cáncer.
Había acudido desde el miércoles para que pintaran parte de la tumba y será hoy cuando vaya en compañía de las familias de sus hijos.
La limpieza
Eso mismo harán Beatriz y su madre Alicia. Ayer fueron las encargadas de limpiar y colocar flores en la tumba de Isidro, quien murió hace ocho años.
“Llegamos desde las 8:00 de la mañana, nos vamos a la 1:00 de la tarde a comer a casa de mi mamá y volvemos a las 5:00 de la tarde para estar con mi papá hasta la noche”, contó al recordar que a Isidro le gustaban estos festejos.
El primer año después de su muerte sintieron la ausencia y las caras eran de tristeza, pero ahora, llegan con alegría, a hacer de la muerte una fiesta, recordando parte de lo que vivieron.
