CIUDAD DE MÉXICO.- El Covid-19, dice la escritora argentina Fernanda García Lao, exige no salir, auto-excluirse. "Es un virus que trabaja con lo siniestro: el monstruo es uno, hay que guardarse", define. Y cuando no es posible, no queda más que recurrir a la siempre incómoda barrera y la no dispersión: "Salgo de casa con el bozal puesto".
El testimonio vivo y diserto de García Lao, junto con el de otros creadores, conforman Bitácora del encierro, plataforma en línea ideada por la Coordinación de Extensión Universitaria de la UAM Cuajimalpa, Editorial Diecisiete y 17, Instituto de Estudios Críticos, para acompañar al usuario en su confinamiento.
"El objetivo de este proyecto es ofrecer un acompañamiento literario, es decir, que a través de la escritura, los poemas, las narrativas visuales, el público general sienta la cercanÌa, se sienta de alguna forma identificada o identificado", detalla en entrevista Dayanira García, jefa de actividades culturales del campus.
"Y también brindar elementos de reflexión durante el encierro; detonar, con cierta mirada crítica, lo que estamos viviendo, esta situación sui generis".
Todo esto a través de participaciones inéditas diarias; textuales, en audio o video. Y, cada mes, un referente del ámbito cultural o académico analizará lo publicado.
La cuestión curatorial corre a cargo del escritor Philippe Ollé-Laprune, quien selecciona las participaciones de acuerdo a líneas temáticas y perfiles artísticos, pero sobre todo propiciando la pluralidad geográfica.
"Esa es una de las aristas muy importantes de este proyecto, que el interés es mostrar los puntos de encuentro y desencuentro en torno a la pandemia, pero visto desde varias territorialidades.
"Es decir, no es la misma experiencia que tiene alguien de la Ciudad de México que alguien de Honduras, de Berlín o Nueva York", apunta García.
Así, por ejemplo, el escritor mexicano Fabrizio Mejía Madrid evoca en un microrrelato un mundo pre-Covid, donde los otros eran interesantes, no amenazantes; "donde las sonrisas no están tapadas con cubrebocas y los ojos sin goggles".
"En tiempos de pandemia el contacto físico significa peligro y anhelo", apuntala, por su parte, la bonaerense Camila Fabbri. La madrileña Mercedes Cebrián confiesa que cayó en el consumo exagerado de productos para limpiar y desinfectar todo lo que le rodease, mientras que el poeta Mohsen Emadí, de Irán, pone el énfasis en los obreros que debieron continuar trabajando, sin la libertad ni el lujo para elegir entre la salud o el hambre.
"Ahora resulta que, allá afuera, hay un mal perverso, verdadero y violento, una enfermedad que llegó acompañada de una nueva realidad, una realidad que no es sino otra crisis y que también está lista para meterse en el espacio que hay entre nuestros cuerpos y el funcionamiento del sistema, chorreando, con nuestro estar en el mundo, las comisuras de sus múltiples hocicos", dice por su parte el escritor mexicano Emiliano Monge.
Inaugurada el 25 de mayo con una entrada de Mario Bellatin, Bitácora del encierro suma al momento 60 participantes confirmados, y se perfila como una memoria digital en construcción constante, a prolongarse tanto como la pandemia misma.
