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Oaxaqueños migrantes sólo vuelven para vacacionar

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca.- A más de una década de radicar en Estados Unidos, Juan Martínez Platas aprendió a vivir en medio de un ambiente de discriminación, de ahí que su ilusión más grande sea estar entre los suyos, con su gente, en su familia.


Como cada año, por temporada decembrina regresó a su natal Oaxaca. Fue bien recibido por sus seres queridos que sin dudarlo organizaron una celebración, no faltó el tradicional mezcal de gusano y se sirvió mole de guajolote, como en toda gran fiesta del estado.


Sentado en la mesa principal, rodeado de sus hermanos, sobrinos, hijos y esposa, el migrante oaxaqueño celebra las 18 horas que viajó para llegar a su casa y volver a ver a quienes aprecia y quiere.


"No es irse a hacer dinero nada más"


Degustando su taco de chapulines, acompañado de un mezcal de gusano, recuerda las más de cinco horas que tuvo que esperar en el aeropuerto y en la aduana, para poder enfilarse a su tierra natal. También explica sobre lo difícil que es la vida de los migrantes “allá en el norte”: “No es nada fácil. No es irse a hacer dinero nada más. Primero hay que lograr pasar y evadir a la migra, después, algunos vamos de empleo en empleo, como jardineros, ayudantes de cocina o trabajadores del campo”.


Entre taco y taco, Juan platica a sus familiares sobre los seis empleos diferentes que ha tenido. Le pagan por hora y asegura que le va bien, pero extraña a su familia.


Ahora, Juan se lleva a la boca una cucharada de mole de guajolote. Las pláticas en la mesa aumentan. No falta quien en su premura por comer derrama un poco de mole en su camisa. Juan sigue comiendo, nada lo detiene, se acomoda en su silla, pone los codos sobre la mesa, de repente da una carcajada, demuestra que está feliz.


Mientras toma un vaso de coca- cola, habla sobre Oaxaca. “Las cosas no se ve que hayan cambiado mucho por aquí. Cada que regreso lo veo igual, más bonito, pero no hay trabajo y por eso me regreso”.


Al termino de su plato de mole negro, pide otra copa de mezcal, lo huele, lo saborea… lo disfruta y finalmente asiente, “Como Oaxaca no hay dos. Se extraña, se quiere y en ocasiones como esta se celebra”.

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