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No me gusta la nostalgia: Xavier Velasco

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Xavier Velasco escribe a mano y con pluma fuente. Con una caligrafía infantil que él llama "mis arañitas", llena a renglón seguido y sin dejar margen alguno, grandes libretas de pasta gruesa que se convierten en novelas que se venden por decenas de miles. La más reciente es Los años sabandijas (Planeta), un viaje sin nostalgia a los años ochenta.


Ya que se acabe 2016, ¿no te parece?


¡Uf! No quiero que se acabe, porque en 2016 ¡todavía está Obama! Me da miedo que empiece 2017.


Bowie, Juan Gabriel, Trump, ha sido un año terrible...


Donald, no vamos a saber qué tan malo fue hasta 2018 o 2019. Justamente esta novela empieza con un epígrafe de Ronald Reagan que, cuando fue electo en noviembre de 1980, la gente decía: "¡qué horror!, ¡va a haber una tercera guerra mundial!", pero bien que mal sobrevivimos.


La última vez que hubo republicanos al frente de la Casa Blanca, del Senado y de la Cámara de Representantes fue en 1928, antes del crack bursátil...


Pero en 1928 no había Twitter, Facebook, ni toda la exposición que hay ahora. En esa época el poder era el poder. Ahora el poder cada día se devalúa más y cada vez los poderosos tienen menos margen de maniobra.


¿Con qué canción te fuiste a dormir después de que ganó Trump?


Ese martes los mariachis callaron. De hecho no me fui a dormir: me quedé despierto para ver el discurso de la victoria.


¿Lo aguantaste?


Lo necesitaba ver. Le dije a mi mujer: "apuesto a que ahora va a ser conciliador, porque ya no necesita la retórica bravucona". Efectivamente, fue conciliador, institucional, no dijo "voy a meter a la cárcel a Hillary", sino "tenemos que reconocer a Hillary Clinton". A Donald Trump nunca le he creído nada, y no creo que espere que le creas. Trump es un seductor barato, un empresario poco escrupuloso que es capaz de prometer cualquier cosa.


¿Hemos tenido algún personaje parecido en México?


Sin el dinero, López Obrador. Esa clase de mentiroso, esa clase de personaje que recurre a la calumnia para mandar su mensaje, básicamente es López Obrador.


Si los ochenta fueron los años sabandijas, ¿cómo se llamaría la novela de 2016?


No veo gran diferencia entre los yuppies ambiciosos de los ochenta y Donald Trump. De hecho, es una hechura ochentera. Donald Trump es otra sabandija, pero con más edad. Creo que estamos regresando un poquito a ese ánimo. En esos años se hizo muy popular por elitista, por cara, la cocaína. Se convirtió en la droga que daba status y te produce esta sensación engañosa de que estás por encima de todos y que todo el mundo te pela los dientes.


¿Tú la probaste?


Sí la he probado, pero no te voy a decir que con agrado. No me cayó nada bien la clase de persona en la que me convertía. Pero aprendí algo: la clase de imbécil en la que te convierte.


¿La nostalgia vende?


No me gusta la nostalgia, nada. Estar añorando una época que ya pasó me parece equivalente a estar repelando a los 40 por lo que te hicieron tus papás cuando eras niño. ¡Ya supéralo!


¿Fue un ejercicio de memoria?


Tengo un arma secreta: la música. Escribo y trato de situarme en una época a través de su música. Gracias a Spotify, fui haciendo listas de canciones casi para cada capítulo, estoy lleno de playlists.


¿Qué has revalorado de los ochenta?


La ligereza, esa música tan ligera, la libertad, la gran libertad que había. Bueno, mis personajes son los que más lo valoran, dado que son unos malandros. Era muy fácil saltarse las trancas porque no había, como ahora, cámaras por todos lados. Hay este candor y esta libertad y, sobre todo, esta sensación de que el mundo está llegando a México, que era como un rancho antes de 1980.


Desde el 2016, ¿aquellos años se ven con condescendencia?


No, no tengo ninguna necesidad. Los personajes son para meterlos en problemas, para meterse uno en problemas como narrador. Entonces, lo que me interesa es la cantidad de problemas o soluciones que te ofrece ese momento histórico: llegó el walkman, viste el primer fax como si fuera magia, salió el CD, viste el primer teléfono celular... Los que podían pagarse un celular, parte de su presunción, tenía que ver con desplegar la antena y andar por la vida como un mosquetero con su florete. Es un gusto darle vida a algo que se creía enterrado.


¿A ti como a PacMan, te persiguen fantasmas?


Si fuera un victimista, te diría que sí. Si tengo que ser honesto, te diría que esos fantasmas yo los fabrico para que me persigan. Así como el celoso extremo le inventa amantes a su mujer para poder sentirse oprimido por ellos y para poder llamar la atención y recriminarle. Pues, así uno como novelista inventa cantidad de realidades alternas que poco a poco van tomando el mando y se convierten en la única realidad que uno ve.


¿Cuál es la relación entre realidad y ficción?


Alguna vez se lo pregunté a Juan García Ponce y me respondió: "la única realidad es la ficción". Escribí pensando que la única realidad eran los ochenta, yo estaba ahí escuchando esa música y cuando terminé de escribir la novela, empiezo a escuchar mis playlists huecas, pasadas, dignas de nostalgia, pero ya no vivas porque ya no tengo nada que extraer de ellas.


¿Y qué pasa entonces?


Decía Hemingway que la novela terminada es un león muerto. Y yo, delante de ese león muerto, me doy cuenta de que toda mi aventura de estar ahí, de vivir en esa época se acaba de terminar y tengo que irme a otra historia.


¿Tienes alguna superstición para escribir?


Cuando me entra algún caprichito, recuerdo que Reinaldo Arenas escribió en la cárcel una novela tres veces, porque dos veces se la perdieron y ya no la pudo recuperar. Escribió con lo que pudo, con carbón, con lo que fuera. Todas esas supersticiones idiotas no son más que puras inseguridades que uno tiene por no saber si le va a salir lo que está escribiendo.


¿Dudas de ti?


Escribo con mucha zozobra porque no tengo claro que esa novela vaya a funcionar: no lo sé, no me consta, y me persigo mucho en la noche. Ayer me estaba diciendo mi mujer: "cuéntales de todas las noches en que no podías dormir y estabas volviéndote loco en la cama".


¿Te padeció tu pareja en el proceso de escribir?


Es la primera vez que escribo una novela acompañado, tenemos dos años y medio de vivir juntos y de los mejores años de mi vida. He conseguido la disciplina para ponerme a escribir de cualquier manera porque, a veces, la presencia de tu mujer es la tentación, a veces es la distracción, entonces es necesario que haya un pacto entre la novela y tu mujer.


¿Se pone celosa una mujer de la novela?


¡Claro! Pero cuando la mujer entiende que la novela también es acerca de ella, que tiene mucho que ver con ella y que sin ella sería muy diferente, en ese momento desaparecen los celos.


¿De qué te ha servido ir al psiquiatra?


Nunca en la vida me ha dado una pastilla, en realidad a lo que voy es a platicar. Como a los seis meses me di cuenta de que esas visitas tenían mucho que ver con el laboratorio de ficción, porque de pronto llegaba a plantearle ya no mis problemas, sino los de mi personaje, jajajaja.


¿Te preocupa que se acabe el éxito?


Me preocupa que se vacíe la cuenta bancaria, eso es lo que sí me preocupa, jajajaja. Pero no, no pienso en el éxito. Si consigues derrotar tu miedo cada día, vas construyendo esa cosita que algunos llaman éxito y otros llaman felicidad. Yo prefiero llamarle alegría.


¿Cuándo te hiciste adulto?


Cuando perdí a mi mamá.


¿Cómo quieres morir?


Igual que ella, dormido, por favor.


CINCO DATOS


1. Saltó a la fama al ganar el Premio Alfaguara de Novela en 2003 con El Diablo Guardián, que lleva más de 200 mil ejemplares vendidos.


2. Tiene 52 años y ha sido roquero, editor, creativo publicitario y columnista. Una de sus mayores aficiones es andar en motocicleta.


3. Comenzó a escribir desde los nueve años, hizo estudios de Ciencias Políticas y Literaturas, pero terminó abandonando las aulas para dedicarse a las letras.


4. Parta fundamental en la vida del escritor es la relación con sus perros. Actualmente tiene a Casandra y Gerónimo, dos gigantes de los Pirineos.


5. Los años sabandija continúa la saga que empezó con Este que ves y siguió con La edad de la punzada.

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