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Luvina de Juan Rulfo, "ya no existe"

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN JUAN LUVINA, San Pablo Macuiltianguis.- Entre las montañas de la Sierra Juárez, rodeado por el cerro de la Piedra Gris y el cerro Perico se encuentra Luvina, ese pueblo pequeño que el escritor Juan Rulfo describe en su libro El llano en llamas como un lugar triste, olvidado y habitado sólo por los viejos.


Para sus habitantes, el Luvina que conoció Rulfo en la década de 1940, ha cambiado. La tristeza ha partido con sus vientos fríos y ahora sus hijos trabajan en el rescate de su patrimonio histórico, cultural y natural para compartirlo con el mundo.


Lo único que permanece intacto en Luvina desde hace más de 70 años es el abandono del gobierno y la migración que se ha llevado a los jóvenes, quienes ahora desde los Estados Unidos mandan los dólares para las obras de la comunidad, “así hemos construido nuestro palacio, nuestra iglesia y pavimentado algunas calles”, señala el agente municipal Reynaldo Jiménez Jiménez.


“Solo así hemos salido adelante, con los tequios y el trabajo de todos… pues el gobierno como siempre sólo nos busca en la época de elecciones y después desaparece”, lamenta el agente.



A San Juan Luvina lo ha cambiado la organización de sus habitantes que presumen la tranquilidad de su pueblo, lo limpio de sus calles empinadas y angostas, sus tierras fértiles, un bosque que aprovechan de forma sustentable, una zona arqueológica que no ha sido explorada en su totalidad, pinturas rupestres que se pueden observar en cuevas y una laguna que se encuentra en la cima del cerro Perico.


La misión de los habitantes ahora, es iniciar un proyecto de ecoturismo para aprovechar la riqueza natural y difundir el patrimonio con el que cuenta el pueblo cuyo nombre en zapoteco significa “raíz de miseria”.


“Ahora queremos que la gente que nos visita diga, vamos al pueblo de la raíz de la miseria a conocer su riqueza”, recalca el síndico Fidel Méndez Méndez.




El pueblo localizado a los pies del cerro Piedra Gris.

 


Con la consolidación de ese proyecto se tendrán fuentes de empleo e incrementará la llegada de visitantes de otros países que ya arriban a la comunidad con el único interés de conocer el Luvina de Rulfo.


“Gracias al escritor por despertar el interés de conocer nuestro humilde pueblo, ya nos visitan personas de otros lugares y ahora buscamos apoyo para difundir nuestro patrimonio”, agrega el síndico.


Por lo pronto, ya cuentan con un museo comunitario donde resguardan algunas vasijas encontradas en las tumbas de la zona arqueológica, también hay utensilios de barro, restos de huesos humanos y piedras talladas con símbolos prehispánicos que siguen sin ser descifradas.


El pasado de miseria


El pasado de este pueblo se asemeja en mucho al narrado en El llano en llamas, pues la comunidad vivió momentos difíciles durante su fundación en el siglo XV cuando se encontraba ubicada en el lugar conocido como Peña Negra que tenía un clima cálido y de tierra árida.


La vida en ese lugar era difícil, por ello a principios del siglo XVI la comunidad se movió a las faldas del cerro Perico donde las condiciones para cultivar maíz eran mejores pero que posteriormente tuvieron que mudarse debido a que los niños y niñas eran amenazados y asesinados por un personaje misterioso que fue nombrado “Cheni-lala”.


Por relatos de las personas mayores se dice que “Cheni-lala” era un ser con aspecto humano, que todo su cuerpo estaba cubierto de vello y que se robaba a los niños del pueblo.


Ante este problema las personas se organizaron para capturarlo y asesinarlo. Posteriormente a finales del siglo XVI San Juan Luvina fue instalado en el lugar donde ahora se encuentra, a los pies del cerro de la Piedra Gris.


El Luvina viejo


Para llegar al viejo Luvina se debe caminar por más de una hora entre veredas y el bosque. Ahí los pobladores solo acuden para cultivar sus terrenos donde siembran maíz, frijol y algunas veces trigo.


Existen casas construidas de palos y láminas donde las personas se resguardan por  semanas mientras realizan la siembra o la cosecha del maíz.




Para llegar al Luvina viejo se debe caminar por casi una hora entre el bosque.

 


En estos días de enero la gente aún sigue con la pizca. Uno de ellos es Imeldo Margarito Cruz Santiago, quien a sus 72 años de edad tiene la fortaleza suficiente para continuar sembrando sus terrenos.


“Todas las casas que se ven por acá son de San Juan Luvina, aquí venimos a trabajar el frijol, el maíz” explica el hombre que es ayudado por su esposa y su hijo en los trabajos del campo.


El clima en el Luvina viejo es caluroso, la tierra es pedregosa pero productiva, existen yacimientos de agua naturales y un bosque que inicia a los pies del Cerro Perico donde se encuentra la zona arqueológica que a decir de los pobladores es “un Monte Albán pequeño”.


A nombre de cielo


Del Luvina viejo solo quedan algunos vestigios, leyendas, recuerdos y los campos de cultivo. En el pueblo de ahora las casas son de adobe, techos de lámina, algunas familias gracias a la migración han logrado construir sus viviendas de tabique y cemento.


Luvina vive en calma, acompaña sus días con esos vientos fríos de la Sierra Norte, con la luna, con sus niños y niñas jugando en las canchas del pueblo o ensayando en la banda de música que alegra los días de carnaval.


Es otro Luvina el que esconde en las montañas de Oaxaca, el pueblo de tristeza se ha quedado atrapado en el cuento emblemático de Rulfo y ahora sus hijos buscan compartir con el mundo su historia, patrimonio y riqueza.


El engaño del gobierno


A finales del 2016, se inició una obra de introducción de agua potable en la comunidad por un monto de aproximadamente dos millones de pesos.


La obra fue prometida por el ex diputado local Adolfo García Morales y el ex presidente de San Pablo Macuiltianguis, Ismael Alavés Pérez, sin embargo no fue concluida y la empresa constructora solo destruyó mil metros lineales de cunetas de las calles del pueblo para introducir la tubería de pvc.


Como en el cuento, para los habitantes de San Juan Luvina el gobierno sigue sin tener madre. Ahora las autoridades y pobladores exigen la culminación de la obra y la reparación de las cunetas.

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