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Las Leyes de Reforma

Foto(s): Cortesía
Redacción

El último levantamiento armado en contra de Antonio López de Santa Anna, triunfó en el año 1855, cuando el dictador se vio forzado a renunciar por última vez a la Presidencia de la República. El movimiento,  también conocido como Revolución de Ayutla, estuvo liderado por Juan Álvarez y en él participaron de manera destacada Benito Juárez, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Miguel Lerdo de Tejada e Ignacio Comonfort, entre otros insignes patriotas liberales.


Luego del triunfo definitivo de las fuerzas liberales, se proclamó la Constitución de 1857 y entre el 12 de julio y el 11 de agosto de 1859, el entonces Presidente de México, Don Benito Juárez García, promulgó en Veracruz las siguientes Leyes de Reforma:


* Ley de Estatización de Bienes Eclesiásticos, mediante la que se separaron los negocios civiles de los eclesiásticos;


* Ley de Matrimonio Civil, por la cual el matrimonio religioso perdió validez oficial y se estableció el matrimonio como un contrato civil; se evitó también el cobro del mismo por parte de las iglesias.


* Ley Orgánica de Registro Civil; a partir de entonces, el registro del estado civil de las personas –nacimiento, matrimonio y defunción- quedó a cargo del gobierno.


* Decreto de secularización de cementerios: Se declaró el cese de toda intervención del clero en cementerios y camposantos; también estableció la prohibición de enterrar cadáveres en los templos por una obvia precaución sanitaria.


* Por el Decreto de supresión de festividades religiosas, se establecieron los días festivos y se prohibió la asistencia de funcionarios al servicio del Estado a funciones religiosas.


* El 4 de diciembre de 1860 fue expedida la Ley sobre libertad de cultos; con esta ley, la religión católica dejó de ser la única permitida y se permitió que las personas fueran libres de practicar el culto que desearan, contando parta ello con el total respeto del Estado.


Con la promulgación de estas leyes no se buscó destruir a la Iglesia Católica ni atentar contra la religión ni sus manifestaciones, sino restar poder político a una corporación que estaba en plena rebeldía contra el gobierno y sus autoridades. ¿Qué perseguía la promulgación de esas leyes? En primer lugar, la separación entre la Iglesia Católica y el Estado; la disminución del poder terrenal de ésta a través de la estatización de sus bienes; la secularización de los cementerios y fiestas públicas, y consagrar la libertad de culto en el país.


Como lo consigna José Luis Vargas Aguilar en su ponencia “Consideraciones jurídicas de las Leyes de Reforma”, creemos que “el ordenamiento jurídico de 1859 y 1860 le concedió al Estado su capacidad jurídica plena (…). Muchas de nuestras actuales legislaciones están basadas en la Leyes de Reforma, demostrando así su carácter progresista y justo”.

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