En el camino a comprender la esencia y sus singularidades, y al confrontarse con la problemática que de ellas surge, el ser humano se mueve en una disyuntiva entre la vida y la muerte. Así como lo planteó en su ensayo Octavio Paz: “¿Qué somos y cómo realizamos eso que somos?”, interrogante central para todo pueblo en crecimiento.
Cuando en las páginas centrales de El laberinto de la soledad, Paz escribe sobre Todos Santos, Días de Muertos, precisa: "...Para los antiguos mexicanos, la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección eran estadios de un proceso cósmico que se repetía insaciablemente".
Doble objeto
"La vida no tenía función más alta que desembocar en la muerte, su contrario y complemento; y la muerte, a su vez, no era un fin en sí; el hombre alimentaba con su muerte la voracidad de la vida, siempre insatisfecha. El sacrificio poseía un doble objeto: por una parte el hombre accedía a un proceso creador (pagando a los dioses, simultáneamente, la deuda contraída por la especie); por la otra, alimentaba la vida cósmica y social, que se nutría de la primera".
Así, en la creación tanto de pintores, artesanos, cineastas, escritores, poetas, fotógrafos, músicos, bailarines y actores el tema de la muerte y la vida ha inspirado la obra de creadores oaxaqueños que en estas fechas exhiben diversas expresiones. En Oaxaca convergen infinidad de manifestaciones, desde los artistas como Carlomagno Pedro, Cristian Thorton, Sabino Guisu, Andrés Henestrosa, entre otros.
La muerte en la tradición e innovación en el arte popular oaxaqueño conforma varias de las piezas del maestro Carlomagno Pedro, originario de San Bartolo Coyotepec, ya sea en su manifestación en el barro negro o en colaboración con otros artistas y expresiones. En la colección del Museo de Arte Popular del Estado de Oaxaca (Meapo) se puede observar, por ejemplo, el Tzompantli, Apología de Conquista de México.
El tzompantli "Apología de Conquista de México", del maestro Carlomagno Pedro
Colección artística
Radicado desde hace varias décadas en Oaxaca y fundador del Estudio Xaquixe, arte en vidrio, Christian Thornton ha creado varias series. Hace cuatro años produjo una colección inspirada en la muerte, la vida y el renacimiento. Su obra en vidrio y porcelana reunida en Cenizas de Katabasis, abarcó el mapa emocional de los últimos seis años de su vida, bajo la premisa de la palabra griega "catábasis" o "katabasis" que denota, el descenso, que muchas veces el ser humano no quiere vivir.
En la poesía destacan los versos que compuso el escritor Andrés Henestrosa al son istmeño Micaela, para el tema conocido como La Martiniana, el cual han interpretado voces de cantanes oaxaqueñas como Lila Downs, Susana Harp, Natalia Cruz y Silvia María, entre otras que han estremecido con versos como: "No me llores, no, no me llores, no; porque si lloras yo peno; en cambio si tú me cantas, yo siempre vivo, yo nunca muero".
Constante en la creación
En la joyería, Francisco Martínez crea y recrea cada día piezas inspiradas en la muerte, desde las tradicionales catrinas de papel maché, cráneos y calaveras en plata para dijes o aretes. Asimismo, en sus collages retoma el tema de la muerte, el cual a lo largo de su trayectoria, lo ha plasmado en sus creaciones.
En la danza, el tema de la muerte y el luto, la transformación y asimilación de la partida del cuerpo físico también se ha hecho presente. Varias compañías oaxaqueñas han montado escenografías al respecto. El tema de la muerte es una constante en la creación, ya sea como catástrofe, metamorfosis, renacimiento, sanación o como el inicio de nuevos ciclos de vida.
