Para quien es madre o padre, muchas veces las dificultades y retos que afrontan con los hijos son motivo de quebradero de cabeza; encontrar solución no solo requiere un sinnúmero de acciones; factores como la significatividad del hijo, la ideología introyectada y la experiencia que los padres vivieron cuando fueron hijos, cobran un valor determinante al momento de realizar cualquier estrategia, por lo general es donde encuentra cobijo la fuerza que se opone a la solución.
Un problema actual
En la actualidad es común por parte de maestras o autoridades de las escuelas sugerir a los padres llevar al hijo al psicólogo cuando consideran que el pequeño presenta un problema de conducta; eventualmente, si no encuentran solución, terminan por medicarlo.
Una queja común es que el hijo no respeta reglas, no obedece indicaciones; en muchos casos de no cumplirse lo que el niño desea llega a ser grosero y en casos extremos los berrinches alcanzan una intensidad considerable. En algunas ocasiones, los padres no encuentran explicación a lo que sucede; recurren a respuestas como: "ya le dije que no lo haga, ya hablamos con él, ya le dije que sólo en la casa, que eso no está bien, que nada más conmigo porque soy su mamá".
Cuando recibo un caso de esta índole
Generalmente los padres, después de explicar el problema, esperan haga pasar al niño; hasta ese momento no saben que para crear la solución es primordial encontrar cómo se originó lo que los aqueja; es precisamente en sus primeros dichos donde me han entregado atisbos de ello.
Los padres no se percatan que el factor más importante en la solución se encuentra en su vida interna, pues el tipo de dichos como los ya mencionados son una manera de sostener la negación: que el actuar de su hijo es el resultado del encuentro entre el empuje de los anhelos de este con los conflictos psíquicos (infantiles) de los padres.
Los conflictos psíquicos infantiles
Para muchos llamará la atención esta manera de nombrar algunas manifestaciones de la vida adulta; es fácil observar cómo la conducta del adulto está regida al igual que la del niño por el principio de placer; sin embargo, es el primero quien intentará restringir dicho empuje sobre este último. Generalmente los padres no toman en cuenta que fueron ellos quienes no prestaron atención a ciertas conductas tempranas del hijo, sólo hasta que significaron una incomodidad.
Reflexión
Cuando los padres hablan en nuestro consultorio, aparecen aquellas situaciones que los enajenaron de lo que acontecía con su hijo y como al igual que el niño, rechazan aquello que les provoca displacer o se entregan a experiencias de gozo sin límite.
Recuerda
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