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ESTAS LETRAS QUE LEES| ¡Mago por siempre, por siempre Mago!

Foto(s): Cortesía
Redacción

In Memoriam “El Mago”.


(1971-2005)


Si la música es el alimento del alma, los músicos son chefs, que preparan sus platillos utilizando las notas de la escala musical como insumos para la preparación de melodías, que entran por nuestros oídos y nutran nuestro ser interior. La letra que por lo general acompaña la música, forma parte de los ingredientes con el que los chefs condimentan su platillo a la hora de presentarlo; es ella la encargada de acompañar al consciente de quien la escucha durante el proceso degustativo. Cuando letra y música se maridan correctamente, el resultado es muchas veces suculento.


La muerte, muchas veces es caprichosa. Hace su voluntad sin importar lo que se atraviese, llevándose con ella muchas veces a quien todavía tiene mucho que sembrar y dejando en las personas que se quedan, una inmensa sensación de soledad en su interior.


El caso de Abraham Abel Velásquez Nardo, “El Mago”, es uno de ellos, un gran chef de composiciones en donde letra y música se conjugan en un serpentín ascendente de trova y poesía, dejando en quien lo escucha, una sensación de placer, similar a tener la barriga llena con mitades de una voz.


Abel es, fue y seguirá siendo, un cantautor nacido en Oaxaca, avecindado en la ciudad de Toluca de Lerdo, que para cuando falleció había presentado varios discos con composiciones propias y comenzaba a hacerse de un nombre propio dentro del ámbito de la trova nacional, con presentaciones en diversos estados del centro del país, en donde era recibido con albricias, palmas, y los comensales que asistían a verlo degustaban sus melodías llenas de sentimientos encontrados, de palabras al amor, de lágrimas de tristeza, de alegría por la vida y de soledades y solitarios.


La primera vez que yo lo escuché tenía 16 años, me encontraba estudiando en el bachillerato cuando descubrí su primer casete de estudio; presentaba un menú de varios tiempos divididos en lado A y lado B, en donde ya se podía oler que se estaba preparando un chef musical con una alta calidad emocional e interpretativa, misma que quedaría de manifiesto a través de su corta y fructífera carrera dentro de la difícil industria de la gastronomía musical, que hay en un país como México.


Cuando Abel cerró los ojos para siempre, tenía 33 años, acababa de contraer matrimonio y su platillos musicales se comenzaban a escuchar con fuerza entre los restaurantes que ofrecen servicios de banquetes musicales culinarios; los platillos que preparaba sonaban junto a los de Edgar Oceransky, Fernando Delgadillo, Alejandro Filio, Carlos Carreria, entre otros tantos chefs musicales, que nos obsequian un buen menú de composiciones, que nos transportan a diversos estados de placer, de la mano del alimento preferido para el alma, que es la música.


Desde “Estas letras que lees” se le envía un fuerte saludo y un recuerdo para Abel Velásquez Nardo, el Mago, el maldito Abel, hasta donde quiera que se encuentre. Este jueves 4 de julio, se conmemoran catorce años de su despedida de este plano terrenal, cuando un terrible infarto fulminante golpeó su corazón; aquel al que tanto le compuso, su corazón no aguantó.

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