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Arranca producción de calaveras de amaranto

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Miel, piloncillo, agua y jugo de limón y semillas tostadas de amaranto conforman la mezcla para amoldar una calavera que puede complementar los elementos con que se visten los altares de muerto. Una vez concluidas las festividades de los fieles difuntos, pueden comerse para aprovechar las propiedades nutritivas de un alimento que organizaciones de productores buscan reposicionar en la dieta diaria.


Francisco Hernández Hernández, jefe de ventas de la fábrica de la organización Amaranto de Mesoamérica, ubicada en Zimatlán de Álvarez, y donde laboran 17 personas, estima que para esta temporada lleguen a producir 3 mil piezas, 500 más que el año pasado.


Desde hace unos días las actividades en la fábrica se centran en utilizar la misma mezcla con la que se prepara la alegría -en forma de barra rectangular- para crear las calaveras.



La diferencia se centra en moldearlas con forma de cráneo humano, decorar las cuencas de los ojos con círculos de papel brillante, los dientes con cacahuate y cabellos de chocolate.


A la par, desde el 15 de octubre empezaron los talleres para las mujeres que se benefician con los microcréditos que impulsa el Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl A. C., de donde emana el proyecto de retomar el cultivo de amaranto para que familias del Valle de Zimatlán lo incorporaron a su dieta diaria y puedan sustituir los nutrientes de alimentos como la leche y la carne, evitando la desnutrición.

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