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Ángeles y palabras: El Cielo es el símbolo universal

Foto(s): Cortesía
Redacción

El Cielo es el símbolo universal del espacio, donde se ubica el ser divino, creador del mundo; en tal espacio habitan los seres celestiales dotados de una presencia luminosa y gran sabiduría; el Cielo es el mundo natural de los ángeles que regulan el orden cósmico bajo el mando del Señor del Universo; en ocasiones, en períodos cortos, los ángeles caminaron en la tierra  entre los hombres para instruirlos en las Leyes Divinas; pero ésta conexión se fue perdiendo cuando el hombre se dedicó a lo material, olvidando el mundo espiritual; sin embargo, el Cielo también simboliza el corazón del hombre y su estado de conciencia superior.


Desde este punto de vista, el Cielo no es un lugar físico, es un estado de Conciencia más allá de las limitaciones espaciales y temporales; es la residencia de las Divinidades y de los bienaventurados; generalmente se mencionan siete o nueve Cielos; cada uno de ellos representa un estado de conciencia superior al que el hombre tiene posibilidad de tener acceso.


Una de las frases místicas que se escuchan es la de “el reino de los cielos está en la tierra”, en el centro, en el interior del hombre, lo que indica que el mundo físico es tan sagrado como el espiritual; el cielo en la tierra indica que hay separación entre espíritu y materia; los seres humanos tenemos una Madre Tierra y un Padre Celeste; ambos son importantes como en una familia y ambos deben ser amados y respetados.


El espacio sagrado se encuentra entre el cielo y la tierra, el ser que cumple con dicho requisito es el mismo hombre, somos templos vivientes; nosotros somos el espacio sagrado y  en nuestro interior se encuentran los mundos superiores donde tenemos contacto con los ángeles, de ahí que algunos autores llamen a los ángeles seres “psico-espirituales”.


Somos creadores de nuestra propia obra, como decía el gran pintor y escultor Miguel Ángel, cuando le preguntaron cuál era su secreto para esculpir obras como el Moisés o el David, a lo cual les respondió  con su usual sencillez: “Me gusta buscar personalmente los trozos de mármol para mis obras, llevo en mente la idea de lo que quiero, busco en la mina el mármol y cuando encuentro el adecuado, lo marco y lo hago llegar a mi taller. Mi trabajo en el taller es sencillo, elimino con cuidado los pedazos de mármol que aprisionan mi obra y así la dejo en libertad".


Creo que todos debemos aprender de una gran lección de Miguel Ángel; busquemos el trozo tan adecuado de mármol, dentro de la mina de conocimientos, sentimientos y actitudes que la vida nos entregó y que hemos desarrollado. Quitemos los pedazos de mármol que aprisionan e impiden lograr nuestra meta, démosle libertad y ofrezcamos a la  vida nuestra bella obra.

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