Por Lubia Esperanza Amador
“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: Levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. Con estas palabras inicia la primera Carta Encíclica del Papa León XIV, firmada el 15 de mayo de 2026, a 135 años de la Rerum Novarum del Papa León XIII. Este documento Magisterial, nos habla de la salvaguarda de la persona en la era de la inteligencia artificial. Para entender mejor el sentido y los alcances de esta Encíclica, entrevisté al Maestro Guillermo Torres Quiroz, politólogo y máster en Doctrina Social de la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca Campus Madrid-IMDOSOC. De su análisis político, social y ético de la Encíclica, tomo las ideas principales que aquí les comparto:
Paralelismo histórico
Así como León XIII defendió a los obreros ante la Revolución Industrial en el siglo XIX (Rerum Novarum), el Papa León XIV publica este documento para proteger la dignidad humana frente a la revolución tecnológica y digital actual. El peligro no radica en la Inteligencia Artificial (IA) como herramienta técnica, sino en usarla para clasificar, sustituir o descartar al ser humano bajo un paradigma puramente tecnocrático de productividad.
Levantar una nueva “Torre de Babel", consistiría en construir una sociedad basada en el poder de los algoritmos sin límites éticos. Esto manipula las emociones, crea burbujas digitales y debilita la deliberación ciudadana en las democracias.
Desarmar la IA en conflictos bélicos, nos remite a la postura innegociable de la Iglesia: La decisión de matar jamás debe ser relegada a una máquina autónoma. Automatizar la muerte representa la deshumanización absoluta de la guerra, que de por sí ya es una tragedia moral.
La presencia simbólica de Christopher Olah, cofundador de Anthropic (desarrolladores de la IA Claude) en el Vaticano para la presentación de esta Encíclica; demuestra que la Iglesia busca dialogar de frente con quienes diseñan el poder tecnológico real (las Big Tech) para inyectarles límites éticos.
Ante la necesidad de expandir el principio del "destino universal de los bienes" a la “riqueza digital” y de datos, el Mtro. Guillermo refiere que debe evitarse que la IA aumente la brecha de desigualdad entre los países ricos y el “Sur Global”, para ello se requieren reglas internacionales que eviten el colonialismo digital.
Aunque las encíclicas no son jurídicamente vinculantes a nivel internacional, históricamente Occidente ha plasmado sus principios en leyes nacionales (como los derechos laborales inspirados en la Rerum Novarum). Se espera que este documento guíe futuras regulaciones de soberanía de datos, privacidad y transparencia algorítmica.
Criterio cristiano del uso de la tecnología
Torres Quiroz menciona que el uso personal de las redes y la IA debe someterse a tres filtros fundamentales: La verdad, la caridad y el bien común. Enfatiza la responsabilidad del creyente al usar estas herramientas tecnológicas, dejando claro un límite ético fundamental: "No podemos dejar que la Inteligencia Artificial nos sustituya la capacidad de pensar, la capacidad de discernir y, sobre todo, la capacidad de amar”. Nos recuerda que hoy vivimos en un entorno que llaman “BANI”, por sus siglas en inglés (Brittle, Anxious, Non-linear, Incomprehensible); en español sería “FANI” (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible); ante esto, la respuesta de la Iglesia no es el miedo a la técnica, sino la valentía de la fe, siendo custodios de nuestra propia humanidad; la Iglesia nos ofrece aportaciones de visión e inspiración divina, a largo plazo, incluso medios públicos están analizando esta Encíclica.
La tecnología debe estar siempre al servicio del hombre y nunca el hombre al servicio de la tecnología. Nos quedamos con esta invitación a defender la dignidad humana, empezando con la ética personal, desde nuestra trinchera, en las pequeñas fidelidades del día a día, dando un verdadero testimonio de nuestra fe católica que nos precisa trabajar por el bien común. ¡Que así sea!
