Una noticia que sacude por completo el entorno del fútbol mexicano y, sobre todo, a la Máxima Casa de Estudios. Es la crónica de una muerte anunciada, un secreto a voces en los pasillos de Ciudad Universitaria. La directiva auriazul lo ha hecho oficial: Efraín Juárez deja de ser el director técnico de los Pumas de la UNAM.
EL PESO DEL BANQUILLO AURIAZUL
Hay que decirlo con todas sus letras: dirigir a un equipo de los llamados Cuatro Grandes no es para cualquiera. La chamarra pesa, el banquillo quema. A pesar del amor y la identidad innegable que Efraín le tiene a estos colores —porque nadie le va a regatear que es un hombre nacido y formado en casa, de aquella generación dorada del bicampeonato en 2004—, la realidad es que en el fútbol mandan los resultados. Y los números, esos que son fríos y calculadores, simplemente no lo respaldaron.
La exigencia en Pumas es distinta. La afición auriazul es una de las más fieles, pero también de las más exigentes de toda la Liga MX, y la presión en la olla de presión que es el Estadio Olímpico Universitario terminó por reventar el proyecto. Faltó claridad, faltó volumen de juego y, sobre todo, faltaron los puntos que metieran al equipo en la pelea por el protagonismo que su historia demanda.
LO QUE SIGUE PARA PUMAS
"La directiva se encuentra en un callejón sin salida. Ya no hay margen de error."
Ahora la pelota está en la cancha de la directiva. Tienen una papeleta bravísima por delante. ¿Van a apostar por un "bombero" que apague el fuego a corto plazo? ¿O buscarán un proyecto de reestructuración profunda que vuelva a darle identidad a la Cantera? Nombres van a sobrar en la mesa de la oficina del Pedregal, desde viejos conocidos hasta estrategas del mercado sudamericano, pero lo que es un hecho es que Pumas no puede permitirse otro torneo navegando en la mediocridad. Quién será el valiente que tome las riendas de Pumas de la UNAM.
